jueves, 23 de agosto de 2007

Zoo

Llegó la primera visita obligada al zoo, con H. Es un sitio agradable, y ver los animales es una experiencia estupenda, sobre todo esos que son casi mitológicos, como el rinoceronte o el hipopótamo. Pero como me pasa cuando visito un zoo o pienso sobre ello, la sensación es de pesadumbre. No me voy con una sensación buena en la boca. Soy un ignorante paleto de ciudad, burgués, que acepta que capturen y encierren a animales salvajes y libres para el deleite de los niños y la distracción de las masas.

No debo ser el único que se siente así, porque en el parque tenían un tríptico que justificaba la existencia de un zoo moderno, que parece ser que es investigación, conservación de especies amenazadas y formación a las nuevas promociones. ¿Y qué tiene que ver todo eso con delfines dando piruetas y con el monstruoso parque temático en que se han convertido? Tampoco ayudó mucho que nada más llegar contemplara como cuatro mocetones como cuatro torres se entretuvieran acercándose a la jaula del buitre leonado e insistieran en escupirle una y otra vez. Esta y otras demostraciones similares de “formación” acabaron de hundir mi esperanza en la raza humana. Algo parecido, aunque un poco menos, siento cuando voy a un megacentro comercial o a un campo de fútbol: ¿somos una especie en extinción, tiene fin nuestra decadencia?

En fin, hoy tengo un día regular, y el recuerdo del zoo no me agrada mucho. H. lo pasó bastante bien, y verle fue todo un gustazo. Gracias, pobres bestias, por divertirle. Ya casi no quedan sitios donde podaís vivir como animales, así que igual os tenéis que ir acostumbrando a las estrecheces que adoramos las personas.

4 comentarios:

Brujitecaria dijo...
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Brujitecaria dijo...
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Brujitecaria dijo...
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Brujitecaria dijo...

Hay un par de mundos supuestamente "mágicos" que me despiertan sensaciones agridulces: zoos, circos, etc.
En el zoo especialmente mi amor a los animales sufre cuando su encierro supone pasividad, suciedad, maltrato o menoscabo de su dignidad. Pero si son más pequeños o si lo considero como una posibilidad de ver animales actuando espontáneamente, o que los vean chavales como H., me reconcilio un poco con estas jaulas doradas. Los delfines son para mí de un atractivo especial, a pesar show bussines, siempre lo han sido por que al animal sumo el medio acuático, la mitología griega y romana y una cierta nostalgia de un recuerdo lejano de velos pasar por el horizonte marino desde una hermosa casa de Pedregalejo, Málaga, que seguro ya ha desaparecido, como algunas de las personas que ella vivieron. Creo que pasaban algunos al final de verano, en septiembre u octubre, cuya ya me arrasaba la melancolía de la vuelta al cole.