martes, 28 de octubre de 2008

El Gato Mortal ha muerto

Una de mis aficiones de mi infancia fueron los comics de superhéroes Marvel, con los que crecí y aprendí a leer. Tuve una colección bastante apreciable de tebeos, que releí cientos de veces. Hacía varias colecciones, y también compraba retrospectivamente, en el Rastro, cuando te podías llevar con veinte duros 4 o 5 tebeos tranquilamente. Los comics Marvel aportaron mucho al mundo del cómic de superhéroes. Los que había antes (Superman, Batman...) se limitaban a repetir durante cientos de números el mismo esquema una y otra vez. Marvel introdujo la evolución en los personajes, y los hizo más humanos. Los superhérores de Marvel sufrían: no llegaban a fin de mes (Spiderman), tenían grandes complejos de culpa (Spiderman, Mr. Fantástico), problemas con el alcohol (Iron Man), complejos de inferioridad (La Cosa), frecuentes problemas de identidad (Hulk) y todos soportaban el gran peso de la responsabilidad. Los lectores de sus aventuras, por descontado, sufríamos con ellos, y no sólo por el supervillano de turno, sino por ver cómo sus vidas se iban hundiendo poco a poco. Luego Marvel perdió el rumbo, y fue ampliamente superado por compañías rivales, más pequeñas pero más audaces. Y con el tiempo, abandoné su lectura.

Y por supuesto, mientras devoraba tebeos, cree mi propio personaje: el Gato Mortal. Con un dibujo pésimo (nunca fue lo mío), el Gato fue evolucionando, fue sufriendo, y sus aventuras, al mismo tiempo que los colores y los trazos, se fueron haciendo más oscuros, reflejando mis primeras neuras de aquellos tiempos. No era difícil rastrear en aquellas últimas aventuras mis incipientes problemas de incomunicación e inseguridad, miedo a la muerte, en fin, esas cosas que hacen de la adolescencia una época única, llena de vida y sufrimiento. Dejé de dibujarlo cuando me estaba poniendo bastante solemne y muermo.

Pero el Gato Mortal no ha superado su última batalla y su último villano: el expurgo salvaje, espontáneo e incontrolado de mi padre que, queriendo hacer sitio, mezcló en el mismo saco papeles viejos, apuntes, revistas antiguas, tebeos, y los tres cuadernos del Gato Mortal, perdidos para siempre. No estoy enfadado con él ni mucho menos, llevaba sin releerlos mucho tiempo, ni siquiera se me había ocurrido traerlos a mi nueva casa, pero la noticia de su irreparable destrucción me ha ocasionado un agujerito incómodo, una leve sensación de pérdida, el sentimiento de que allá lejos, hemos matado al más grande héroe de todos los tiempos.

miércoles, 22 de octubre de 2008

Claustrofílico y extremófilo

Acabo de volver de la calle. Hace un frío de mil demonios. Escribo hoy para contar una de mis excentricidades. Salí hace un rato a comprar el pan. Tenía que sacar dinero, pero con la excusa del frío y de no ir bien abrigado lo ha dejado para la noche, cuando salgo a tirar la basura. En realidad, me moría de ganas de salir a la calle en esta noche de perros, en la noche oscura y en el desierto páramo que es mi barrio. No lo puedo evitar: me encanta esa sensación, la de ser el último hombre vivo o algo así. De igual modo no encuentro explicación por mi claustrofilia: me gustan los espacios cerrados, pequeños, aislados. Mi rincón favorito de la BN es un sitio en los depósitos de revistas donde se llega tras hacer unos requiebros. Allí nunca pasa nadie, hay un silencio enloquecedor, y sólo hay cajas vacías, estantarías llenas de polvo y algunas pocas revistas de poquísimo interés. Me gusta la sensación de estar en la esquina, en el último lugar posible antes del abismo. Cuando voy al mar, busco la roca más apartada para subirme, el último rincón antes del mar interminable. ¿Será por eso que me encantan las islas, que me muero por conocer la isla del Hierro o la de Pascua, o de que haya mirado viajes a la Antártida (Am. dice que ni loca, ¿alguien se apunta?)?

Este es mi caso, doctor. Una de mis lectoras ocasionales, es titulada en Psicología, y me consta que ejerce, escondida tras sus gafas. ¿Podrías decirme a qué se debe que cuando voy a la montaña, siempre tenga que buscar un momento para perderme en soledad por el bosque, si es de noche mejor??

P.D.: Una recomendación musical. Un grupo español, de esos que acaba de empezar, pero ya con bastantes seguidores, de pop-rock. Sobre todo destacable por la personal voz de su cantante. El grupo se llama Vetusta Morla, y podéis descargar su primer disco, gratis, legalmente, en su web. EL resto que han sacado los podéis comprar o lo que haría J.L., el corsario. Soy consciente de que recomendar un grupo poco conocido español no hará sino aumentar mi carácter de friki que me otorga SSS, pero qué le vamos a hacer.

jueves, 16 de octubre de 2008

Una burbuja en mi jardín

Escucho en la radio, leo en los periódicos, en mi propia cabeza, quejas sobre el hecho de que los gobiernos salgan a salvar instituciones financieras en estado de quiebra, y desembolsar millones a costa del erario público para reflotar estas compañías. Las quejas vienen porque todos los gobiernos se han puesto de acuerdo rápidamente, y no son capaces en cambio, de desembolsar el dinero suficiente, que es muchísimo menor (ignoro cómo se han hecho los cálculos), para, por ejemplo, erradicar el hambre en el mundo, vacunar a millones de niños, etcétera. Por otro lado, también es lícito protestar porque vamos a salvar a las instituciones que con su mala actuación, mala gestión, o avaricia, nos han metido en esta profunda crisis. Todo esto es cierto.

Pero aquí ha habido una burbuja como la copa de un pino. Y las burbujas, desde el año 29, tienen un denominador común: se alimenta entre todos, es un monstruo al que se da de comer cada día, hasta que te das cuenta que no cabe en el armario, y lo metes en otro más grande. Quien más o menos ha jugado con la idea de tener un piso como inversión, de obtener una segunda vivienda, para alquilarla, y cosas así. Ya conté una vez mis opiniones sobre ello. A lo que voy. Este monstruo lo hemos creado entre todos, y el que esté libre de pecado, que tire el primer ladrillo.

viernes, 10 de octubre de 2008

Breves

Ya se acabaron las vacaciones. En contra de lo que se dice, las vacaciones rara vez suponen descanso. Y más, cuando se tienen niños. Así que vuelvo a descansar al trabajo. Pero un curso intensivo, un tribunal y el trabajo atrasado no me dejan tiempo ni para mirar el blog.





Los niños han empezado el cole y la guardería, respectivamente. Están cambiando cada día. Héctor está empezando a experimentar con la rebeldía y el "No quiero". A Ana le están saliendo, junto con los dientes, sus primeros sentimientos, que son transparentes: los celos, el desamparo, la alegría del reencuentro, el deseo y la frustración....




Ha empezado ya el resto de nuestra vida, que es ordenarnos la vida para ir corriendo de un lado a otro y que todo encaje, estar a una hora en determinado sitio, hacer coincidir nuestros horarios. Por la mañana sincronizamos los relojes y vivimos pendientes de lo que se retrasa el tren, de la media hora que me sobra para ir a comprar cualquier cosa. Echo de menos mis paseos desengrasantes por el Retiro, y mis rutinas anteriores. Ahora he aprendido a maldecir a la Renfe, a evitar pisotones, pero puedo leer en el transporte. Habrá que acostumbrarse.





Estoy leyendo un mamotreto de mil y pico páginas sobre el frente ruso de la Segunda Guerra Mundial. Cuando abro el libro en el tren, ya no estoy allí, estoy en otro sitio, es un viaje espeluznante, un libro que te araña y golpea, diverso, emocionante, sobrecogedor. Una experiencia necesaria. "Vida y destino" de Vassili Grossman.






Este año tu cumpleaños ha salido perfecto. Te quedaste a cuadros con el Scala Dei, que ha ganado por goleada a Nintendo y a Joss Whedon. Te salieron colorines por la cara, y la sonrisa sin sentido tardó mucho en borrarse. A ver cuando la abrimos.





He descubierto para mi sorpresa que cuento con una pequeña comunidad de lectoras anónimas y entusiastas de mis desvaríos, lo que me causa vergüencilla, orgullo y un puntín de presión en una propoción de 40%, 30% y 30%, respectivamente. Vaya este conjunto de retales dedicado para ellas.




Ah, y además la parte de la especie humana que más me gusta y más aprecio va a perpetuarse por segunda vez. Enhorabuena con todo nuestro cariño. Nos vemos en la tele.

lunes, 8 de septiembre de 2008

Al centro comercial!!!

Cuando yo tenía 14 o 15 años, los centros comerciales acababan de desembarcar en Madrid, y se podían contar con los dedos de una mano. No se parecían en nada a los que hay hoy, era el hipercor de turno y se acabó, un par de restaurantes si acaso. Los padres de mi amigo de la infancia Jose (que ya no sé por dónde anda, lamentablemente), se llevaban a sus hijos a pasar el día al centro comercial. A mí me parecía una cosa un poco horrorosa eso de pasar el día allí porque sí, una especie de esnobismo provinciano o algo así.

Pero hete aquí, 20 años después, que estoy tan contento de haber descubierto un centro comercial con muchas cosas para los niños, parques, atracciones, actividades, etc., con muchos restaurantes, tiendas en rebajas, una tienda de animales que a Héctor le encanta. Un megacentro de los que se hacen hoy, pensados hasta el detalle para familias. O sea, "¡vámonos a pasar el día al centro comercial!!". (A ver, con reservas, no todo el día, un buen rato, comemos por allí, y ya de paso miramos la ropita de la niña, la lámpara para el salón...., esas cosillas).

Moraleja de toda esta historia: nunca censures, no menosprecies, no subestimes, no te sobrevalores, no te creas por encima de nada, que el día menos pensado te encontrarás con que eres el objeto de tus propias burlas.

Por cierto, que me voy de vacaciones un buen rato, y como los superprofesionales de la construcción y la telefonía así lo quieren, sigo sin teléfono y sin Internet. Por lo que os doy permiso momentáneo para ver otros blogs. Pero volved, por favor, que no me gusta hablar solo. Un beso.

viernes, 29 de agosto de 2008

Una película


A veces una película te encanta a medida que la estás viendo, y estás en estado de agradecimiento perpetuo hasta que acaba. Pero a veces no te das cuenta de cuánto te ha impactado una película hasta unos días después de haberla visto, cuando las escenas se resisten a abandonar tu cabeza, y cuando te pones a pensar en lo que has visto y a darle vueltas. Es lo que me está pasando con "Brokeback Mountain", que vi hará una semana. Confieso que tenía un prejuicio en contra de la pelicula, porque a priori no me interesaba demasiado el asunto. Pero la nitidez con la que me vuelven algunas escenas a la cabeza, y el regusto en paladear los entresijos de esta peli son señal de que me ha gustado mucho.

Y lo curioso es que lo que más me molestaba cuando estaba viendo la película (la sensación de no saber qué es lo que están pensando y sintiendo los personajes acerca de lo que les está pasando), ahora es lo que más me gusta, porque creo que es una película para pensarla a posteriori, que está contada como a brochazos, y que exige del espectador que reflexione y que componga la historia, si no quiere quedarse en la epidermis de esta simple y tremenda historia de amor.

Porque esta historia de amor frustrada, de dos personajes que viven una vida inventada y que no les pertenece, que tienen una existencia falsa fuera del amor prohibido y fugaz que compartieron en un momento y en lugar dado, es transportable a cualquier situación en la que dos personas no pueden realizar un posible amor porque la situación social lo impide (Romeo y Julieta), o porque viven vidas muy distintas, extrañas, o demasiado consolidadas para vivir una historia de amor (como en Breve Encuentro).

La película está narrada con distancia, huyendo del melodrama, de forma que pese a que las escenas rodadas en unos preciosos y solitarios exteriores (en Canadá, según parece) son muy llamativas, son las situadas en interiores las que resultan más impactantes, rodadas con una economía y una austeridad poco frecuentes en el cine americano. Por cierto, la parte final es impresionante, emocionante, te deja la boca seca, y los ojos húmedos.

martes, 19 de agosto de 2008

Otra de Los Planetas

Hoy os presento otra letra de Los Planetas. Esta se titula "Nunca me entero de nada", pertenece a su penúltimo disco, "La ley de la gravedad". Es una mis canciones favoritas de Los Planetas, de esas que crean una especie de mundo propio. A ello contribuye J, el cantante, que pone voz como de despiste, como de llegar tarde, como de necesitar un tiempo que no tienes para comprender lo que pasa a tu alrededor. Creo que hace una interpretación fantástica sobre la habitual compleja orquestación de este grupo, barroco y psicodélico como pocos. El motivo de poner esta canción es que la fuimos escuchando camino de Tarragona, y mi traicionera compañera de destino dice que me describe perfectamente; la verdad es que ese estado de semiinconscencia en el que no eres capaz de asir nada, en el que todo te pasa y tienes la sensación de vivir con retraso me es muy familiar. Sí, si, esa sensación de ser como un genio despistado, pero que no tienes nada nada de genio. Ala, pues para todos los que también se han sentido así, pero sin tristezas ni depresiones, con resignación, va este temazo:

Cuando por la tarde te dije
que en realidad no pasaba nada,
tuve que bajar la cabeza
para evitar tu mirada.
Y mi vida sería más sencilla
si consiguiera explicar lo que pasa,
no tendria que estar de rodillas
suplicando las palabras.
Que las cosas cuando se estropean
es muy difícil arreglarlas,
lo que hoy te trae de cabeza
se habrá pasado mañana.
Tiraste una piedra en el agua
y vi las ondas que se acercaban
pero nunca escucho, nunca atiendo,
nunca me entero de nada.

El día que nos fuimos al bosque
con tu caja de trucos de magia
enseguida se hizo de noche
y tú dijiste que te quedabas.
Yo era joven y fuerte entonces
y no sabia lo que me esperaba,
pero recuerdo que prometiste
que ibas a estar por la mañana.
La próxima vez que te vea
no va a servirte la misma trampa
y tendrás que hacerte a la idea
de que lo nuestro no se acaba.
Lo vi en una de esas películas
de las que a ti tanto te gustaban
pero nunca escucho, nunca aprendo,
no sé que pasa que nunca me entero de nada.


P.D.: Todo esto significa que he vuelto de vacaciones. Hola a todos.
P.D. II: A José Luis le digo, aunque le parezca increíble, que tengo los discos originales, tanto éste como el de la otra letra, así que el supuesto delito del que me acusa casi casi no existe.