viernes, 10 de julio de 2009
Hermano
Y esto quizás explique el por qué siento una rebeldía interna a resistir cualquier consejo o guía o costumbre de mi hermano mayor, al que idolatro también en cierta manera.
"Un hermano era que lo Neel representaba para Dinu: los límites que a él le definían". Amitav Ghosh. El Palacio de Cristal.
domingo, 21 de junio de 2009
El cólico, la noche y Tom Waits
La semana pasada fue horrible, mi familia decidió ponerse enferma por turnos, dormí poco y mal, mucho trabajo. Para rematar la faena, me tocó llevar a la nena a urgencias a eso de las 2 de la mañana, después de escucharla llorar desde un par de horas. Tenía un cólico. Cuando la cogí y la llevé al coche estaba diría casi enfadado. Súbitamente, antes de salir, rescaté uno de los discos de Tom Waits, siguiendo una intuición inoportuna e irracional. ¿Quién, racionalmente, se pararía un segundo a pensar en qué música escuchará en el trayecto? Yo no, pero el instinto alargó la mano.
Fue una revelación, se trazó al fin la línea que une la última vez que vi a Koldo y el cólico nocturno en una amarga semana dos años después. Madrid estaba interesante ese jueves a las tantas. Escaso tráfico, una brisa agradable, el momentáneo espejismo de ciudad vivible y humana. Ese es el momento de escuchar a Tom. Cobran sentido sus letras de borrachín, ese humo de cabaret que sale de las canciones, ese acordeón portuario, ese ruido como de bar de bajos fondos, esa ronquera de tabaco malo y anís barato.
Llegué al hospital calmado y sintiendo de nuevo piedad por la pequeña. Ana llegó despierta, enferma, pero tranquila. A la vuelta, con un Nolotil reptando por su cuerpecito, medio dormida. Yo conduje tranquilo, con sueño, pero en paz, hasta diría disfrutando del momento. Gracias, Tom. Gracias Koldo, donde quiera que estés.
miércoles, 3 de junio de 2009
Rasca y Pica
La perspectiva cambia, claro. Parece mentira que me gustara el Equipo A y el Coche Fantástico. Pero con los dibujos, que están más entroncados con esa parte misteriosamente imborrable que es la primera infancia, es como la memoria ROM o algo así, nos siguen tocando esa fibra. Son recuerdos compuestos de sentidos y sentimientos.
Pero hoy viendo esos dibujos con cara de padre, vaya, me vienen preguntas: ¿Sabéis que se están todo el día persiguiendo y dándose tortazos? Bueno, eso vale, no van a ser todo estomagantes demostraciones de buenos sentimientos. Pero es que salen revólveres, escopetas, cañones, tanques, trampas, flechas, dardos, explosivos. Es un arsenal el que se disparan sin ningún miramiento.
A Héctor le hacen gracia los trompazos, por supuesto, pero a mí no me hacen gracias las ideas perversas y su escalofriante armamento. Naturalmente, debo estar exagerando.
Me acuso, soy culpable
jueves, 21 de mayo de 2009
Para Celia
La felicito porque conozco a su madre, que es una persona que rebosa cariño, tranquilidad y sentido común, y que además es lectora de este blog; en la lotería de las madres ha salido muy bien parada, y sospecho que en la de los padres también, aunque no tengo tanto conocimiento. Bienvenida a la crisis, pequeña, hoy el mundo es un lugar un poquito mejor habitado.
Y besos a mamá y a papá.
lunes, 27 de abril de 2009
Que me voy a poner cursi
miércoles, 15 de abril de 2009
Pan y quesito

Hoy he vuelto a comer pan y quesito. Según Internet (qué grande es esto, Dios mío!, cómo pudimos vivir sin ello), es la flor de la acacia robinia. Para mi infancia era "pan y quesito", y para la de algunos más también lo era, porque la foto la he encontrando poniendo eso. Íbamos esta tarde caminando y una acacia totalmente robinia me ha acercado una de sus turgentes ramas y me ha ofrecido el manjar infantil y gratuito. Un saltito y me he agarrado un racimo, y me lo he comido. Amalia ha opinado que soy un salvaje por arrancar unas hojas a las bravas, dando un salto, y comer el fruto en plena calle. Que ya no soy un chiquillo, hombre!!!.
Pero lo que ella no sabe es que no he sido yo, sino él, el chiquillo, el que ha saltado y se ha comido las exquisitas florecillas. El adulto responsable y timorato es el que ha sentido la punzada de la precaución pensando lo sano que puede ser una flor crecida ahumada por el tráfico de Ciudad de Barcelona y los mortíferos plaguicidas que probablemente haya recibido. No se parecía en mucho a las condiciones en que tomaba yo el pan y quesito de mis años verdes.
Por esta vez, ha ganado el chiquillo, que tomó hace muchos años al asalto los mandos del instinto y la espontaneidad. La próxima me contentaré quizá con mirar y recordar con nostalgia y todo eso. Pero como me pille en el campo salvaje me como el árbol hasta con raíces, vamos.
